“Mirba te estoy llamando, porque estamos planeando…” Usualmente es hasta este punto que escucho la totalidad de la conversación. De inmediato soy culpable de atender la conversación a medias, mientras verifico el calendario: ¿equipo visitante o juego en la casa? ¿Pre temporada, pos-temporada, temporada invernal? ¿Acaso algún invento de última hora? Los meses en mi almanaque se dividen de esta manera. A través de los años me he convertido en la reina del arte del entusiasmo y la desilusión.Transmitir mi entusiasmo por la iniciativa de inventar, a la vez que te causo la desilusión de posponer el invento, porque mi realidad es simplemente distinta. No puedo cancelar o confirmar mientras estoy en los meses de aventura. Claro que quiero celebrar la noche de San Juan en Puerto Rico, irme de crucero en septiembre, o a las Bahamas en las vacaciones de semana santa. Que no se hable de presenciar el Mardi Gras, que cada vez que lo pienso, sangro por la herida.
Las estadísticas me han enseñado que “te veo pronto” es la despedida más honesta para mis nenas, por si al regreso de la escuela se encuentren con la noticia de que mami se fue de viaje. He aprendido, de mala manera, que si digo ‘te veo en la tarde», las pagó con creces. Las consecuencias van desde “brackets” sueltos, fiebres inexplicables, dolores de cabeza, llanto imparable, hasta la peor de las condenas, ¡no hay besos a la hora de dormir!
Imagino las veces que mi asiento en el avión ha sido ocupado por las nalgas de la aliviada(o) pasajera(o) de la silla contigua o al menos su bolso de mano. O la felicidad del ansiosa(o) empresaria(o) viajando en “stand by”, cuando mi ausencia causa un inesperado espacio de último minuto.
El ejercicio cardiovascular al tratar de empacar, bañarme, vestirme y llegar al aeropuerto con menos tiempo del que cualquier persona prudente y razonable necesita, compara con cualquier sesión de “spinning”. Todo el que me conoce sabe que tengo una obsesión con bañarme. Así que, por lo menos, el único riesgo que corren los pasajeros en el vuelo es una reacción alérgica o sospecha de escape de gases irritantes por la plétora de perfume.
El vestirme son otros veinte pesos, ya que no implica engancharme lo primero que encuentro. Claro así evitó no ser arrestada por exposiciones deshonestas. Más bien es estar bonita para un esposo que no he visto en semanas. Mi matrimonio está repleto de segundas “primeras impresiones”. Esto crea un golpe de adrenalina, cuando en tres minutos necesito cambiarme de ropa varias veces antes de encontrar el “look” que exprese mi estado de ánimo. Pensando en voz alta, no sé hasta qué punto la moda de carabelas se ha convertido en mí uniforme de viaje. A la hora de endilgarme, para mí los Once Minutos de Paulo Coelho son una eternidad.
En uno de los primeros viajes que hice con mi esposo recuerdo a mi suegro llamarme novata por la media decena de maletas que cargaba.¡Já! Orgullosamente debo anunciar el 100% de mejoría en hacer maletas. Nota aclaratoria: hacer maletas si, hacer buenas maletas es un no absoluto. Esto último requeriría empacar abrigo, cepillo de dientes, zapatos, pantis y sostenes todas las veces. Por favor, que no se entere mi suegro. Eso sí, el cepillo y la plancha del pelo nunca se han quedado.
Aún así, confieso que toda esa inestabilidad me ha recompensado en muchos momentos. No sólo por el viaje de último minuto a Chicago, Houston o a Nueva York. Todas las veces que visito una ciudad es un nuevo descubrimiento, tal como si fuera la primera vez. La incertidumbre que produce la aventura, me ha llevado a vivir en Japón para experimentar de primera mano un choque cultural, percibir la crueldad de la bomba atómica y la eventual promesa de paz. La oportunidad visitar a Italia y admirar la Capilla Sixtina hasta provocar dolor de cuello es inigualable. La historia que he disfrutado en España sólo compara con su variedad gastronómica… la caña y la cava que he saboreado. ¡OLÉ! En Holanda he enfrentado el dilema entre su libertad extrema y el confinamiento de la casa de Ana Frank. Cartagena con su Desfile de Balleneras, el sabor de nuestra hermana República Dominicana y la maravilla moderna del Canal de Panamá son inolvidables.
He tenido la fortuna de visitar familiares y amigos que, bajo circunstancias distintas, no tendría la oportunidad de hacerlo. Ninguna de esas experiencias han sido planificadas, pero son las gracias que me rinde la aventura.
Por todo lo anterior, estoy inmensamente agradecida y me lo reprocho, cuando la aventura se torna amarga. En días recientes comentaba con mi nueva amiga, “que uno tiene que tomar lo bueno con lo malo, pero debe sacarle el zumo a lo bueno.” Es por eso, que cada nuevo día trato de disfrutar y aprender al máximo sobre el lugar donde me encuentro. Si bien puedo decir donde quisiera estar, no necesariamente sé, a ciencia cierta, dónde estaré en 5 años. En honor a la verdad simplemente quisiera estar con mi esposo y mis hijas.
Amigos, gracias por ser flexibles y tolerantes, porque en Mí Por 100pre Cambiante Vida, Planificar es para Novatos.
